Queer
Escrita entre 1951 y 1953, Queer es una novela semiautobiográfica de William S. Burroughs que sigue la travesía de William Lee por Ciudad de México en búsqueda de saciar la pulsión más profunda de establecer una conexión con otra persona siendo homosexual. A primera vista, la obra constituye una exploración del deseo sexual prohibido durante la década de 1950. Sin embargo, mientras uno avanza en la novela, su tono experimenta una progresiva transformación hacia descripciones explícitas de la dimensión tortuosa que puede adquirir el gozo de la sexualidad, las cuales llegan a adquirir un carácter amoral y conducen al propio lector a cuestionarse a sí mismo sobre si es correcto seguir leyéndolo. A ello se suma la representación de una Latinoamérica criminalística, descarnada y de carácter onírico, que opera como un dispositivo narrativo para comprender las motivaciones de Lee, la razón de su búsqueda del ayahuasca y, sobre todo, determinados aspectos de la propia experiencia del autor. Es por ello que Queer no fue publicada sino más de treinta años después de su escritura, debido a que su contenido era considerado tabú para la época, así como por el riesgo de censura existente durante la posguerra y la persecución política contra artistas, escritores y novelistas impulsada por John McCarthy.
Desde mi perspectiva, solo existen dos personajes principales en esta obra: William Lee y Latinoamérica. Al referirme a Latinoamérica, lo hago en su conjunto de países, ya que no es únicamente Ciudad de México la que acompaña a Lee durante su travesía, sino que el espacio latinoamericano en su conjunto adquiere una presencia particular dentro de la narración. Por ello, la connotación política de la obra me resulta más sugestiva que los momentos en los que Lee es hábilmente rechazado por Eugene Allerton, el interés amoroso que se mantiene como eje de su deseo a lo largo de toda la novela. Es cierto que la obra está plagada de insultos racistas y de chistes de mal gusto sobre lo “tan peligrosa” que era Latinoamérica en aquel momento, especialmente hacia la recta final, cuando Lee decide darse por muerto después de su expedición fallida en búsqueda del yagé en Ciudad de México. Es precisamente aquí donde el lector recuerda que, desde un primer momento, la novela también trata sobre un drogadicto expatriado que intenta continuar con su vida en un lugar que considera “hostil”, pero que, en realidad, funciona como ese espacio de libertad que le faltaba en aquel entonces a un Estados Unidos que perseguía al arte.
La libertad y la represión de Lee se articulan de manera particular a lo largo de la obra. Si bien la novela puede asociarse con un antecedente temprano del realismo sucio, también puede establecerse una relación con la representación de una Latinoamérica caracterizada por un caos casi mágico y onírico, próxima al imaginario posteriormente asociado con el realismo mágico, todo ello construido desde la perspectiva de un estadounidense claramente racista que, a su vez, se sirve de las distintas libertades que el territorio latinoamericano puede ofrecerle. Estas libertades se ven reflejadas mediante sus deseos, el Ship Ahoy y los viajes que realiza con Allerton antes de llegar a su destino. De esta manera, el espacio latinoamericano trasciende su función como simple escenario y adquiere una dimensión narrativa propia, pues permite exteriorizar las contradicciones internas del protagonista y comprender la naturaleza de su búsqueda. La experiencia de Lee en Latinoamérica se convierte así en una suerte de tránsito entre la represión que experimenta y la libertad que persigue, aunque esta última se encuentre constantemente atravesada por su propia adicción, su desarraigo y sus prejuicios.
Es cierto que existe una adaptación cinematográfica realizada por Luca Guadagnino en 2024; sin embargo, para disfrutar mejor de la historia, recomendaría más el libro que la película, debido a que ambos presentan enfoques claramente diferentes. En el libro existe una parte de lo que posteriormente se desarrolla en la película, pero en la película no se encuentra todo lo que plantea el libro. Si bien se trata de una historia sobre un amor tragicómico, la búsqueda de la ayahuasca y la adicción hacia las drogas y las personas, aquello que a mí me resulta más magnífico de la novela es la perspicaz construcción narrativa de carácter político que se desarrolla alrededor de un entorno que, para aquel entonces, era poco explorado desde esta perspectiva: Latinoamérica. Si bien esta representación cae en numerosos momentos en estereotipos y concepciones racistas, también le confiere un significado más íntimo y una dimensión particular a la vida no solo de William Lee, sino también del propio William Burroughs. En ese sentido, Queer puede leerse no únicamente como una novela sobre el deseo, la homosexualidad y la adicción, sino también como una exploración de la marginalidad, el desarraigo y la búsqueda de libertad en un espacio extranjero que, paradójicamente, termina adquiriendo para el protagonista una significación que trasciende su mera condición geográfica.
«Me he obligado a escapar de la muerte […] ¿Qué estás reescribiendo? Toda la vida preocupado por el control y el virus. Después de entrar, el virus usa la energía, la sangre, la carne y los huesos del huésped para hacer copias de sí mismo. Modelo de insistencia dogmática nunca de fuera me gritaba en el oído: ESTE NO ES TU SITIO»




